Vuelvo a escribir ... porque mi vida está cambiando. Y me gusta, y me da miedo. Miedo. Quizá todo se reduce a eso, todo mi malestar, mi obsesión, mi intranquilidad, mi desgana, aunque no siempre me siento así, esta claro. También estoy más salida últimamente, y me cuesta lidiar con ello. Pitot me vuelve loca, hacía mucho que no sentía esa atracción irrevocable hacia un hombre. Recuerdo a Jesús en tercero de la eso, o a Pablo en primero de bachiller, y es la misma sensación, las mismas ganas de liarme con él, de tocarle, de que me toque. Y es que, cuando me toca ... si estoy triste dejo de estarlo, si estoy cachonda me pongo aún más, y es ... ciertamente como una droga. Dejo de sentir el resto del mundo solo porque me acaricie el hombro, la nuca. No es por casualidad claro, como quizá me rozaba la mano de Jesús al pasar por mi lado, sino que me acaricia con intención, al menos con la intención de acariciarme. Y es que desde aquel día que estuvimos tan cerca, que estuvieron sus labios a tres milímetros de los míos, y que no sé como ni porque dejé que no pasara nada, dejé que su conciencia se saliera con la suya (y la verdad es que me sentí mierda, me sentí basura de querer sentirle cerca y no poder), desde aquel día, estoy frustrada, frustrada sentimental y sexualmente. Nuestra relación ya no es tan natural, y me pongo nerviosa en clase si él está sentado detrás, y pienso demasiado en él, me obsesiono. Y entonces pienso, venga Ana, busca tu centro, búscate dentro de ti y cálmate, encuéntrate y sé tu misma, no te rayes. Pero no hay forma, a largo plazo, mi frustración vuelve a hacer planes para volver a tenerle tan cerca como aquella vez ... y no voy a parar hasta que lo consiga. Estoy esperando el momento adecuado, solo hay que tener paciencia, y creo que eso lo llevo bastante mal.
Y encima, ahora que quiero dejar de pensar en él un rato, saliendo a tomar algo por ahí con Curie, resulta que también viene mi ex. Que sí, que somos amigos, que todos somos amigos, y a mi me gustaría creérmelo, a veces le echo tanto de menos que lo único que quiero es meterme en la cama y hacerme una bolita. Pero es que no me apetece nada verle ahora, hay sensaciones que no me gusta mezclar. Aún me requiere un esfuerzo grande hablar con él, por teléfono quizá menos, pero en persona me cuesta. Es una situación que no deja de ser emotiva para mí, y si estamos tomando unas cerves de relax pues lo que siento es que quiero pasar de él, porque estoy de relax, así de simple. Mi cerebro no computa relax con mi ex. No lo computa. Así que pienso, si va él no voy yo. Aunque bueno, haré el esfuerzo por esta vez.
Y encima el factor Lara y Gina ha vuelto a mi vida ... esas chicas me ponían los pelos de punta, en el buen sentido.
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