Mejor tarde que nunca

Se podría decir, que estoy contenta. No ese tipo de alegría casual y fugaz, sino ese sentimiento de superación que viene tras un camino en el que se han perseguido unos objetivos a largo plazo. No es que haya cumplido mis objetivos iniciales, por desgracia, probablemente entonces estaría más contenta, o quizá ni siquiera me hubiese parado a pensar en la satisfacción de cumplir unos objetivos, por que quizá no hubiese considerado la posibilidad real de no cumplirlos. Esto así dicho parece muy obvio. A veces me fustigo pensando donde podría estar, cómo sería la situación de mi vida si todo hubiese ido según lo planeado inicialmente. Si el año pasado hubiese aprobado más asignaturas, este me podría ir de Erasmus. Durante dos años, ha habido tantas variables que han determinado mi actual situación, que me castigo pensando cómo podría haberlas manipulado para llegar a donde está el, y otros de mis compañeros. Donde yo siento que debería estar. Puede sonar prepotente, incluso ofensivo para algunos, pero no es eso lo que quiero transmitir. Esta entrada no va sobre frustración y envidia, sino sobre superación. Y es que, estoy contenta. He conseguido salir del agujero en el que me caí. He ido a clase, he tomado mis propios apuntes, he hecho preguntas en clase porque lo sentía, he conseguido hacer un robotito, he aprendido, he colaborado con mis compañeros, he aportado ideas, me han ayudado, he hecho amigos, compañeros que comparten mis asignaturas, mis dudas y mis temores. Lo he conseguido, he conseguido no dormirme en clase, volver a tener ilusión al despertarme por las mañanas. He cumplido mis objetivos, sin ni siquiera saber aun las notas. Sé que está relación con mi clase debió comenzar hace un año y medio, aunque para mí ha empezado hace unos pocos meses. Y se que con los de cuarto se acaba aquí, porque se van. Pero como suelo decir, mejor tarde que nunca. Esta sensación de autoestima es lo que más deseaba tener el año pasado, y he tardado un tiempo en encontrarla, un tiempo que parece haberse evaporado de mis días, de mis planes. Y quién sabe lo que me espera en la vida, quién puede asegurarme que no es mejor así, que la vida no me traerá más suerte, más amor, más oportunidades. No quiero tener más miedo, he superado lo importante, el resto, no depende de mi.

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