Es triste descubrir el dolor en unos ojos queridos, es triste descubrir que lo único que busca esa mirada es asilo, cobijo, cariño, refugio del estrés y del miedo que nos genera vivir. Esa desesperación tan primaria que se esconde en los besos de amor, en la búsqueda de algo tangible y estático en el tiempo a lo que agarrarnos cuando nos sentimos perdidos, cuando sentimos que nadie nos comprende, que nadie nos ama, cuando a la rutinaria soledad la llamamos abandono.

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