RECUERDO DE UNA NOCHE DE VERANO




Deslicé mi mano por su cintura, suavemente, hacia mi. A través de la eterna prenda de verano. La camisa, fina, se rendía en el intento de ocultar su piel morena. Mientras, mis manos volvían de un viaje, un viaje que no recuerdo, (¿cómo habían llegado a parar allí?). Mis dedos dibujaban su figura, trazando un cuadro sobre tintineantes telarañas.

La camisa seguía allí, pero ¡qué más daba! Vivía cada célula de mi cuerpo. Podía tocar el aire, beber de su cuerpo con mis ojos. Podía...oír las olas, que me susurraban fervientes deseos; oler la sal en la brisa, con su gusto en la boca; encontrar mil estrellas del cielo, sueños brillantes del alma; sentir su piel en la mía, y , sus labios, en mis labios.


Medianoche. Y al mismo tiempo sus manos volvían del mismo viaje.

Mi camiseta barata, mi pelo despeinado, contrastaban con su perfume , su camisa abierta. Unos dedos saltarines salieron al aire de verano, dejando caer mi camiseta, de nuevo, sobre mi espalda. Mi piel era supersensible a su tacto, que acababa de empezar una trayectoria demasiado peligrosa, y ahora regresaba, castigado, dejando a su paso una estela de deseo.



agosto 2005

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